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Tarot

Elián By Bruno Libonati, @brunolibonat

Autor
Equipo Yo sé que tú sabes
15 de febrero, 2026
15 minutos de lectura
Img blog Elian by bruno libonati
"No vemos las cosas en la manera que son sino en la manera en que nosotros somos” – El talmud


Elián By Bruno Libonati



Cuando el teléfono sonó eran las 3:30am. Lo que escuché en ese momento logró estremecer los vellos de mi piel. Su llanto era evidente, no podía entender si era de alegría o tristeza. Al colgar, no pude conciliar el sueño luego de tan extraña llamada, Mientras conversábamos intentaba recordar, atento en lo que me decía:

- ¡Hola Elián, hoy es el día de que recuerdes! La cita será en el mismo lugar y a la misma hora—me dijo sollozando.

Hacía tres años que no nos veíamos, la conocí de la manera más curiosa. No era una semana común y corriente: los exámenes abrumaban mi cabeza, había salido de la universidad con ganas de llegar a mi casa y apagarme por completo, estaba cansado, deseaba dormir, la rutina me tenía extenuado. De camino a casa me desvié un poco de mi ruta habitual, me llamó la atención una tienda en la cual había un letrero que decía: “Leemos el tarot”.

- ¿Tarot?—pensé con profunda curiosidad. Siempre vivió en mi mente la idea de que el tarot era brujería y que las personas que leían eran mujeres gitanas de avanzada edad que olían a incienso, prendían velas y tenían verrugas en la nariz. La curiosidad de comprobar si los estereotipos de esas mujeres eran ciertos, me hicieron entrar a la tienda.

- ¡¿Buenas?!

La tienda de por sí olía a incienso, tenía poca luz, era algo extraña, en las paredes había estanterías llenas de libros viejos y nuevos con títulos y autores que nunca había escuchado: EL Zohar: El libro del esplendor. Había cuadros de personas con halos de luz sobre sus cabezas, estatuillas de lo que parecían ángeles o arcángeles (no conocía muy bien la diferencia), una caja dividida en cajas más pequeñas llenas de rocas semi preciosas — cuarzos, cuarzos rosa, amatistas, cada cajita tenía el nombre de la piedra en un letrero, habían muchas—. Muchos frascos llenos de ungüentos, sales y cantidad de objetos que no reconocía. De repente me vi concentrado viendo los amuletos de las estanterías, uno en particular me llamó mucho la atención, cuando empecé a escuchar en el fondo, muy pero muy lejano.

- ¡Hola! …Hola!!!…Holaaaaaaa!!!

Volteé y sentí como una fuerte corriente de energía invadía todo mi ser. Sensaciones extrañas que nunca había experimentado se apoderaron de mi cuerpo. Me sentía como en casa, como si estuviera seguro, como si nada me faltara. La mujer que se encontraba en frente a mí no era la gitana anciana que estaba esperando, podría tener mi edad, le calculaba que tenía unos 20 años de edad, su aspecto era lo más común posible, una joven linda y de mirada profunda pero carismática. Me llamó la atención que tenía una camisa de la banda Greta van Fleet, tenía el cabello negro, hasta los hombros y los ojos más hermosos que había visto en mi vida.

- ¡Se llama pentagrama! Algunas culturas antiguas reconocían este amuleto como un símbolo de mucho poder y que representa los elementos, tierra, agua, aire y fuego. Lo utilizaban como un amuleto para protección y para ahuyentar los malos espíritus. No entendía nada de lo que me estaba diciendo, su mirada me había distraído de todo lo que estaba pasando a mi alrededor.

- ¡Hola! Disculpa es que…—le dije cuando volví en mí.

- ¡Sí! Todos se asombran, es un amuleto con mucho poder, atrae muchas miradas, algunas se quedan perdidas por horas, en lo más profundo de su mente— respondió sin dejarme terminar lo que iba a decir.

- Vi el anuncio de afuera. ¿Leen el tarot? ¡Me llama mucho la atención! —le dije con entusiasmo. - ¿Qué te llama la atención? —me preguntó. - Pues lo del tarot—le respondí. - ¿Pero por qué te llama la atención? —me preguntó con una sonrisa pícara.

Pensé que me estaba molestando, o que me quería confundir, igual era imposible confundirme más, ya estaba lo suficientemente confundido con todo lo que estaba pasando.

- Pues, me da mucho interés conocer mi futuro—le dije. - El tarot es una herramienta sagrada, de autoconocimiento profundo, muy antigua, que te muestra tu verdadero ser y tu camino. Eso del futuro es para charlatanes.—me dijo. - Siempre pensé que era para saber el futuro—le dije un poco confundido.

- La gente cree lo que quiere creer, y se deja llenar la cabeza por la desinformación de la gente ignorante—me dijo, un poco arrogante.

Sentía que la conversación era profunda, como si intentara decirme algo, pero era como buscar un alfiler en el fondo del mar, sus gestos, sus miradas y sus acciones me decían cosas, no sentía que la conversación fuera a ningún lado, pero a la vez iba a todos. Era como abrir una puerta que te llevaba a otras tres más, que a su vez te llevaban a otras cinco más, que a su vez te llevaban a siete más y así hasta el infinito, un espiral de fractales hasta otra dimensión.

- Bueno está bien, vamos a darte lo que quieres, esto es para lo que viniste, nada en esta vida es casualidad, y muy pronto lo entenderás—me dijo con voz profunda. - ¿Para lo que vine? ¿qué tengo que entender? —le dije confundido. - Me acabaste de decir que te interesaba el tarot—su cara me lo dijo todo.

- Claro— respondí apenado. - ¿Quién me lo va a leer? —le pregunte. - ¿Yo…o crees que una niña como yo no sabe leerlo? ¿A quién esperabas? —me respondió, mirándome con cara de incertidumbre. En ese momento mi mente daba vueltas, no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero si pensaba que, en cualquier momento, saldría la gitana anciana con la verruga en la nariz.

Me hizo pasar a la parte trasera de la tienda. El cuarto tenía velas, olía a incienso, era un poco menos iluminado que la parte principal de la tienda, y estaba lleno de objetos desconocidos, como lo había pensado. En algo tenía que acertar, pero más que enfrentarme con el tarot por primera vez, lo que de verdad me daba curiosidad era ella: algo en mí me decía que la conocía de tiempo atrás, de otro lugar, quizá de otra vida. Había leído algo sobre las vidas pasadas, de un autor llamado Brian Wise. Nos sentamos en una mesa redonda, ella en frente mío, no podía dejar de mirarla, cada movimiento era un baile, casi un ritual, para mí ese momento se estaba tornando en un acontecimiento. Sacó una bolsa de terciopelo rojo…

-Las cartas tienen energía propia, es mejor conservarla que desperdiciarla –me dijo con tono muy serio. La niña que había conocido hace un momento ya no parecía tener los veinte años que pensé que tenía al principio cuando la vi por primera vez. Ahora sentía que estaba hablando con alguien viejo, de unos noventa y ocho años: sentía que estaba frente a una sabiduría infinita.

-¿Por qué la bolsa es roja? –le pregunté. - El rojo es un color de protección, de alerta, y de purificación, además se atribuye a nuestras pasiones–me dijo con voz profunda. Sacó un mazo de cartas y empezó a barajar, me miraba fijamente a los ojos, yo baje la mirada, veía cómo las cartas se combinaban unas con otras, era casi hipnótico. De repente sacó tres cartas y colocó el resto de cartas al lado. Las cartas estaban en francés.

- La carta 0 “Le mat”, La carta número 2 “La Papesse” y la carta numero l, “Le Bataleur” –me dijo con voz aún más profunda. Su mirada penetró mi alma. Sentía que me faltaba la respiración. Quedamos en silencio. De repente sentí una vibración en la pierna izquierda. Era mi celular.

- Disculpa es que...–le dije con voz temblorosa. - “Le mat” o El loco, hace lo que quiere, comienza el camino, pero está confundido, su camino lo puede llevar a cualquier lugar, solo que él no sabe a qué destino, quizá tampoco le interese saberlo, solo lo emociona el camino a recorrer. Por eso para el loco la preocupación ocupa un segundo lugar, porque al no tener destino o meta a donde llegar, no hay camino que perder. Solo camina sin rumbo fijo, descubriendo a cada paso lo maravilloso que el camino tiene que mostrarle. Viviendo la vida, viviendo el presente. Pero viene preparado y lleno de sabiduría, de lecciones de vidas pasadas. Su intuición lo llevará a su verdadero destino. Pero tiene que tener cuidado de no perderse a sí mismo.

El celular seguía vibrando. Lo saqué de mi pantalón, era ella. Ignoré la llamada. - Discul…… - Deja de disculparte–me interrumpió. Siguió interpretando las dos cartas que le quedaban. - “La Papesse” o La papisa, nos está indicando que estás en la búsqueda de la feminidad, estás en busca de la mujer con la que puedas consumar una relación mágica, pero necesitas buscar en lo más profundo de tu mente, para encontrarte con tu opuesto y complemento, si no estás completo no podrás complementar a nadie. Y, por ultimo “Le Bataleur” o El mago, a donde debes llegar, esta carta es la pareja perfecta de La papisa, estás en busca del camino a la

unidad, el camino para resolver todas las dudas de tu alma. Estás en un camino, uno que te llevará a encontrar la verdadera magia, a controlar los elementos, a poder moldear tu realidad como tú quieras. Su voz, dejó de ser su voz, no entendía nada de lo que decía, estaba confundido, ¿estaba hablando de mí o estaba hablando de las cartas?

- ¿Quién es Le bata……? - Shhhhhh–me volvió a interrumpir.

Recogió las cartas abruptamente, las guardó en la bolsa de terciopelo, se veía confundida, y un poco molesta. - Te espero mañana en la salida de la ciudad, ven a las 9pm–me dijo sin dirigirme la mirada.

- ¿Pero qué vamos a hacer? –le pregunté con mucha curiosidad. - No estás aquí por coincidencia, te estaba esperando, ahora vete–me dijo con un tono de voz autoritario. - No entiendo. ¿¡A las afueras de la ciudad!? ¡Ahí no hay nada!–.pensé sin decirle nada.

- Exacto, sé lo que estás pensando, ahora vete–me dijo convencida. - Por lo menos dime ¿cómo te llamas? –le pregunté mientras recogía mis cosas rápidamente.

- Me llamo Luna, Elián–me dijo y su mirada volvió a penetrar mi alma. ¿Elián?, pensé, ¿cómo sabe mi nombre? La joven me empujaba para que saliera de la tienda, pero ya yo no pertenecía a ese momento, ya no existía tiempo ni espacio, solo mi nombre resonando en mi mente. Mi mirada estaba ida, sentía como sus manos empujaban mi espalda, para que me fuera. Cuando salí de la tienda me quedé afuera mirando al infinito. Cuando salí, sentí mucho frio, aun no entendía cómo sabía mi nombre, no recuerdo habérselo dicho.

Caminé hacia mi casa pensando en ella todo el camino, sonaba en mis audífonos Stairway to Heaven de Led Zeppelin.

“There's a lady who's sure, All that glitters is gold And she's buying a stairway to Heaven”

Al llegar a mi casa, subí a mi habitación, saqué mi computador y empecé a buscar la palabra Tarot en internet. La información era infinita, había páginas que tenían anuncios que decían, Tarot gratis, ¿buscas el amor?, ¿quieres conocer tu futuro? Luego de horas de buscar y empezar a reconocer palabras como arcano –que significa misterio, y son la clave fundamental para entender e interpretar el tarot

– entendí que el tarot era una baraja de compuesta de veintidós cartas llamadas arcanos mayores y cincuenta y seis cartas llamadas arcanos menores, además que hay varios tipos de tarots, siendo el más famoso el tarot de Marsella que data del siglo XVI. De hecho, lo recordé porque era el que Luna tenía. En mi ardua investigación encontré una página que hablaba del Tarot como viaje del alma. Entré a la página, encontré muchas cosas acerca de los misterios de la vida, de la muerte, de la reencarnación y todas las cosas que están en la mitad de estas. En otra página encontré que el tarot está relacionado con la numerología, que al parecer era la mansia (ciencia adivinatoria) o estudio que daba significado esotérico y filosófico a los números. Según la numerología , los números pueden revelarnos cosas de nuestra vida, y según lo que había leído , el hombre se expresa en letras y palabras, pero Dios se expresa a atreves de los numeros. Lo último que encontré fue un artículo de donde hablaban de otra materia de estudio que se relacionaba con el tarot, esta era La Kabbalah, sus orígenes eran judíos, según el artículo era la interpretación secreta y espiritual de la Tora (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio). Los estudiosos en el tema decían que sabiendo los secretos de la Kabbalah encontraríamos los misterios del universo y de Dios. Fui a la cocina y me serví un poco de té de hierba buena , cuando de repente se me vino a la cabeza una imagen de mi adolescencia que siempre me había atormentado. Lloraba y lloraba. Tenía más o menos trece años de edad para ese entonces, estaba en el colegio, en clase de historia para ser más exacto, recuerdo que estábamos hablando sobre el renacimiento italiano , de la Divina comedia de dante, de los Medici y del gran Leonardo Da vinci, cuando de repente entró la directora y me sacó del salón. Su cabello era rojo ya con un poco de canas, se llamaba Leonor.

- ¡Elián!, ¿Puedes acompañarme, por favor? –me dijo con tono preocupado. - Si claro, señora directora–le dije un poco confundido. Salí detrás de ella y caminamos hasta su oficina. Sentía que algo iba mal. De camino a su oficina no mencionamos palabra alguna y el silencio siguió hasta llegar a su escritorio. La oficina de la directora era un misterio para los alumnos, casi nunca nadie entraba ahí. Me senté y entró la psicóloga del colegio: era una mujer de cabello corto, rubio, con una bonita sonrisa y anteojos en media luna. No entendía qué estaba pasando. Solo veía la cara de preocupación de las dos mujeres. No recuerdo muy bien qué hora era, pero recuerdo que el momento fue frio. Lo recuerdo en mi mente como un momento de color gris. - Elián, viene en camino tu abuela a recogerte–me dijo la directora con voz apagada.

- ¿Por qué, si aún no acaban las clases? –.le respondí. - Sí, lo sé, pero vamos a esperarla, debe estar en camino. Mi abuela entró con lágrimas en los ojos y me abrazó. No dijo nada, pero mi reacción fue llorar con ella. - ¿Qué pasó abuela?, ¿Por qué lloras? –le pregunte sollozando. - Hijo, son tus papás–su voz se quebraba por el llanto. - ¿Qué les paso a mis papas? - El avión en el que iban se estrelló–seguía llorando. Mi mente se nubló. Nada volvió a ser igual. 12:48am y aun no podía dormir. Sabía que este día era el encuentro. No podía conciliar el sueño. Quería saber qué me esperaba a las afueras del pueblo, mi curiosidad era absoluta. Prendí la lámpara de la mesa de noche y tomé el libro que por ese entonces me estaba leyendo, El Retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde. Siempre vi en Dorian la imagen de un joven rockstar incomprendido y entregado a los placeres mundanos que la época victoriana ofrecía, de fiesta en fiesta, de mujer en mujer, gozando de juventud y vitalidad, de amor por la vida, pero con un miedo agonizante a la muerte, precisamente eso fue lo que lo hizo capaz de violar las leyes de lo que está bien y de lo que está mal. Siempre pensé que todos tenemos algo de Dorian Grey en nosotros, si Dorian Grey hubiese tenido Instagram, hubiera sido un influencer, de esos que muestra su vida perfecta en redes, pero que guarda oscuros secretos que le atormentan. Leí hasta perder el conocimiento.

Al entrar el primer rayo de sol por mi ventana, me desperté, un poco cansado. Hoy será mi cita con Luna, pensaba, meditando la situación: esta chica no solo era hermosa, también era misteriosa, era interesante y al parecer le gustaban los planes extraños y secretos, porque de momento no sabía a dónde ni a qué me dirigía. Me gustaba que todo con ella era un misterio, como un enigma a resolver, sin temor a ser devorado por la incertidumbre. Todo en ella era mágico , pero su mirada era un laberinto que recorrer sin temor a perderse. Nunca había conocido a alguien así: estaba cansado de las mujeres que solo nacían para casarse y tener hijos, que hablaban de casas, esposos, divorcios, chismes, entre otras cosas, nada interesantes para mí. Para ese entonces, yo estaba inmerso en el arte, las películas y la música, mi día giraba en torno a la búsqueda de inspiración, no tenía tiempo para pensar en planes futuros de casarme, en chismes y cosas por el estilo. A pesar de ser un poco introvertido, solo quería salir a vivir la vida, quería viajar, conocer el mundo, probarlo todo, quería vivir experiencias nuevas cada día, que me retaran a cuestionarme si lo que estaba haciendo me gustaba o no, si el lugar en el que estaba me hacía sentir cómodo, o si la persona con la que me encontraba me complementaba. Eran épocas, en las que también había empezado a probar el alcohol y algunas drogas, solo quería expandir mi conciencia tomando como ejemplo algunos de mis ídolos del momento. Quería ser un poeta infame como Charles Baudelaire, ser un romántico oscuro, ver la belleza donde otras personas no la veían, o quizá ser como el extravagante Jim Morrison de la banda The Doors, que era uno de mis ídolos del rock de todos los tiempos, un poeta incomprendido por la sociedad: tenía una personalidad arrolladora, magnética, y con aires místicos, se hacía llamar The Lizard King , el rey lagarto, un alter ego que tenía para hacerle frente al chico introvertido y sensible que de verdad era. Su vida acabó a los veintisiete años por los excesos, otro músico que sufrió de la maldición del club de los veintisiete, como Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Janis Joplin. Me sentía identificado con estos personajes de la literatura y del rock, quería ser como Dorian Grey, tocar en una banda de rock, ser famoso, y sobre todo vivir para siempre haciendo mi voluntad. El día pasó lento, esperaba que llegara rápido el momento de volver a ver a Luna y sobre todo de saber una vez por todas lo que íbamos a hacer.

Cuando dieron las 8pm me alisté, me puse unos jeans, camiseta y tenis. Salí a toda prisa de mi casa, y tomé el primer autobús que me llevara a las afueras de la ciudad.

El bus estaba lleno de personas ancianas, algo muy raro, pensé, se veían cansados, como ansiosos esperando el momento de llegar a sus hogares, para por fin poder descansar. Quizá el hogar para adultos mayores se encontraba en las afueras de la ciudad. Desvié mi mirada hacia la ventana, viendo los árboles pasar a toda velocidad. Miré el reloj. Eran las 9pm cuando llegué al letrero de bienvenida de la ciudad. Me bajé y me quedé esperando junto al letrero de color verde iluminado solo por las luces de la carretera. Nunca le pregunté a Luna cómo íbamos a hacer para encontrarnos, me quedé en el letrero, pendiente a su llegada: nunca me dio su celular y yo nunca se lo pedí. En ese memento comprendí que a pesar que es bueno emprender aventuras, hay que pedir números de contacto,

a veces no hay que esperar que las cosas lleguen a ti, si no que tienes que salir a buscarlas. Miraba el reloj constantemente. Cuando vi el reloj y eran las 9:15 pm me dieron ganas de irme de ese lugar, en ese momento me empecé a preguntar, ¿porque tenía que esperar a una niña que no conocía, para hacer un plan que tampoco conocía? Sin embargo, la curiosidad era mi debilidad, y la adrenalina del momento me alentaba a quedarme ahí. De repente, volteé la mirada, sentí que me observaban desde los árboles, y ahí estaba sonriendo. Salió del bosque, vestida de blanco, su camisa decía “Imagine”, y su sonrisa decía….

- ¡Hola Elián! –parecía que la conociera de toda la vida. - ¡¿Cómo estas Luna?!–respondí. El reloj marcaba las 9:17 pm. Sentí alivio al verla y al confirmar que no había caído en una broma de una niña inmadura me sentí un poco más relajado. Un poco tarde, pero estaba ahí, como me dijo. - ¿Estás listo?–me preguntó con entusiasmo - Eh…supongo, ¿Qué vamos hacer? –pregunté con ansiedad - Recordar–me dijo con su tono arrogante. - ¿Recordar? – me quedé estupefacto por su respuesta. - No entiendo ¿Cómo que recordar? ¿Qué vamos a recordar? ¿y cómo? –.pregunté enfadado. - ¡Pues como siempre, ¡bailando! –me respondió con una media luna en la sonrisa.

Caminamos unos quince minutos, nos adentrándonos en el bosque, la noche estaba un poco fría. Llegamos a una fogata donde se llevaba a cabo una especie de fiesta al calor de una fogata. Había varias personas en el lugar, todos muy animados por el ambiente, la mayoría tenían aproximadamente nuestra misma edad, bailaban a la luz del fuego. La noche estaba engalanada de magia y misterio, lo que estaba ante mis ojos era una obra de arte digna de Francisco de Goya, uno de mis pintores favoritos. La luna llena y las estrellas en el cielo decoraban aún más esa noche, parecían bailar con los astros en el firmamento. Como hubieran dicho los romanos “los Dioses están de fiesta”.

Nadie tenía zapatos, así que me los quité para sentirme parte del grupo y del momento, la grama estaba fría y un poco húmeda. Una chica, de cabello castaño y ojos verdes, se acercó y me sirvió vino en una copa de bronce, tenía unos grabados antiguos, parecían griegos, no sabía tanto de vinos, pero algo en mi interior me decía que era el mejor vino que había probado en toda mi vida. Escuché al fondo una melodía conocida, era “one more time “de Daft punk, que se escuchaba en el lugar, la canción era perfecta para ese momento.

“One more time a celebration
You know we're gonna do it right
Tonight, just feeling
Music's got me feeling the need
We're gonna celebrate
One more time
Celebrate and dance so free
Music's got me feeling so free
Celebrate and dance so free
One more time”

Luna se acercó. Con una sonrisa pícara, me tomó la mano y empezamos a bailar cerca de la fogata donde todos estaban ubicados. Me miró a los ojos mientras tomaba un poco de vino. Yo también la miraba fijamente, mientras tomaba un poco de vino, no la perdía de vista, la conexión de nuestros ojos era tan fuerte que parecía que bailáramos en una burbuja de cristal. Nuestros corazones retumbaban al bit de esa canción: seguimos tomando vino, sentía que las demás personas bailaban a nuestro alrededor, pero era extraño, parecía que nos observaran con veneración.

Seguimos bailando canción tras canción, copa tras copa, mi mente empezó a bailar, mis sentidos estaban siendo engañados por el éxtasis del momento. Sentía y veía una luz cuando estábamos juntos, se hacía cada vez más brillante, era tan fuerte que mi mirada se perdía en la suya, todo olía a rosas, nuestra respiración era una, tenía cada centímetro de mi cuerpo erizado. No existía el tiempo ni el espacio en ese momento, solo la inmensidad de nuestros dos seres siendo uno.

A la mañana siguiente me desperté sobre el suelo húmedo de la madrugada, un poco golpeado por la resaca. Esperaba no pasar por un delirium tremens de esos que me visitaban los fines de semana cuando salía de fiesta. No encontraba ni mis zapatos ni mi camisa, no recordaba nada. Al parecer la noche había sido un éxito: pensé que quizá el vino tenía algo, le reí a mis adentros, otra noche salvaje a la que me sometía. No había nadie a mi alrededor, al parecer me había quedado solo, cuando de repente escuche unos pasos.

- Buenos días Elián, toma tu pantalón –me dijo con tono burlón. - Buenos días Luna–.le dije frotándome los ojos. - ¿Qué pasó anoche? –le pregunte desconcertado. - Nada, solo bailamos, ¿no lo recuerdas?–me preguntó curiosa. - No recuerdo nada – dije un poco molesto, pero a la vez orgulloso de haber estado ahí. - Bueno, entonces nos vemos en 3 años–me dijo. - ¡Luna! ¡Espera! ¿Cómo que nos vemos en tres años?

Caminó hacia el bosque, y la perdí de vista. Me levanté a buscar mis zapatos. Para haber sido una gran fiesta, no había basura en el piso y todo había quedado como si nada hubiese sucedido en ese lugar. Algo llamó mi atención, era la bolsa de terciopelo rojo donde luna guardaba sus cartas del tarot. La recogí del suelo, y sentí que tenía algo adentro, metí la mano y sentí unas cartas, eran tres cartas del tarot, muy bonitas, coloridas, identifiqué el tarot, era el tarot de Marsella, la primera carta era la numero 18, decía en francés en la parte de abajo “La lune”: el dibujo de la carta tenía un lago donde había lo que parecía ser una especie de langosta, intentando salir desde las aguas hacia la tierra. En la tierra había un perro y un lobo, aullándole a la luna. La segunda carta que encontré era la numero diecinueve, decía en la parte de abajo, “Le soleil”, el dibujo tenía a dos personas, un hombre y una mujer intentado tocarse, en la parte superior un sol que iluminaba la escena. Por último, la carta que sobraba mostraba una escena, donde había un hombre en el centro, y dos mujeres persuadiéndolo de que las mirase, una hacia la izquierda y otra hacia la derecha, era la carta número 6, y se llamaba “lamoureux”. En ese momento entendí todo.

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